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En koritos de Finka







La que había sido una de las grandes obsesiones de la crítica especializada en música electrónica a lo largo de los años –la nomenclatura, la etiquetación indiscriminada de estilos y subestilos de las corrientes de baile– se ha convertido en los últimos 2 años en el gran problema que, por un lado, supone un rompecabezas para el aficionado y un síntoma de salud como en tiempos recientes rara vez se había vivido.

¿Qué nombre tiene la música que se hace ahora? La palabra comodín de ‘minimal’, que hasta hace menos de un año había servido para englobar al techno por debajo de los 140 bpm a modo de reacción contra el inmovilismo de los ritmos duros y que servía para referirse prácticamente a todo –desde el minimalismo puro de sellos como M_nus al microhouse de Cadenza pasando por la nueva ciberdelia de Border Community o el cruce de caminos de Kompakt–, es ya hoy una etiqueta vacía de significado puesto que es al ‘minimal’, a modo de gran río, donde han ido a confluir todos los nuevos afluentes de la zona común entre techno, progresivo, electro y house.

Todo es minimal, pero paradójicamente ya nada lo es. La enésima recuperación del acid que culminó a mediados de año con los maxis de DK7 y Hugg & Pepp se ha dado como rama paralela del gran estilo de consenso , el electrohouse, heredero por una parte del electroclash y el new disco –en versión seria– y por otro del house maximalista de sellos como Resopal, Systematic o Poker Flat.

Una vez coronado como estilo del verano –en Ibiza, pero también en Alemania–, la predominancia del minimal ya había pasado a un segundo plano, y sin embargo, se dice que todo es minimal, incluso la nueva psicodelia de Wighnomy Brothers, Villalobos o el “DE9: Transitions” de Hawtin, porque da como apuro reconocer que en realidad, y de nuevo, todo en clubland vuelve a ser techno. Ojalá el único problema fuera inventarse otra etiqueta.

El flujo constante de cambio del continuum techno, que este año quizá cuente como álbumes más destacados los soberbios “We are monster” de Isolée en Playhouse y el “Are you really lost?”, debut de Matías Aguayo en Kompakt, pero que en realidad debe medirse con la incipiente renovación de los nombres clave, sellos y artistas, que lideran el trasvase de ideas –Sleeparchive, Wagon Repair y Mathew Jonson, Minimise y Donnacha Costello–, y más aún por la avalancha incontenible de artistas debutantes de los que no se sabía nada y de los que ahora se espera todo, se ha visto acompañado en paralelo –el flujo constante de cambio, decíamos– por la progresión autónoma del continuum rave, que para el caso es lo mismo que decir ‘grime’.

Con la publicación del recopilatorio “Run the road” (679) el pasado mes de enero, la filosofía del grime inglés dio un giro previsto y ya de efectos irreversibles: el centro de gravedad de la escena ha pivotado de los productores a los vocalistas, lo que ha causado una progresiva mímesis del antiguo UK garage con el sonido más electrónico y duro del hip hop norteamericano, o mejor dicho, una mímesis con la idea de estrella –centrada en exclusiva en el rapper–, lo que ha fragmentado la escena en tres vías: los vocalistas que salen del underground, fichan por un gran sello, editan un álbum y venden nombre –Kano, Lethal Bizzle, Lady Sovereign–, aquellos que se mantienen moderadamente indies –Virus Syndicate, Roll Deep– y los herederos del movimiento dubstep, los productores de ritmos sucios que siguen manteniendo al grime en una contínua mutación entre urbana –Alias, Target– y apocalíptica –Kode9, Vex’d– todavía enganchada al presente.

La IDM y la electrónica de sesgo experimental, por su parte, prosiguen su camino independientemente de las modas, aunque este último año se ha reforzado un atisbo de recuperación del pasado sonido intelligent techno inglés –sellos como Ai Records, Modern Love o incluso Soma con Vector Lovers están por la labor; en el sentido contrario, Boards of Canada han tendido hacia un folk desértico alucinógeno–, todo en paralelo a la depuración glitch y orgánica de plataformas como Intr_Version, 12k o Still, sellos que proponen una alternativa seria a la antigua accesibilidad pop de la indietronica y la folktronica.

Ha bajado el ambient, se mantiene el breakcore, una nueva IDM post-industrial en el 2006, pero todo sigue como siempre, cambiando sin freno –la velocidad no importa– en cada temporada. Una salud de hierro.


Fuentes: Go-Mag

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1 Responses to “Lenta metamorfosis”

  1. # Anonymous Anónimo

    esta sper interesante este add , la cultura rave mas minimal _: re good

    paisasebastian@hotmail.com

    sebastian  

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